En el escalón superior del cinismo: Los mesiánicos


 










Con una indignación que no cede, observamos absortos como el escándalo de los llamados “vacunados vip” trepa cada día a nuevas dimensiones.

 

En el medio de una crisis sanitaria sin precedentes profundizada por un manejo incompetente de las autoridades políticas que adicionalmente se dan el lujo de tratar de blindar su torpeza con nuevos brotes de autoritarismo, sorprende aún más que el despropósito de sus manejos sea teñido por un cinismo sin parangón que alcanza cada día un nivel superior.

 

Nos hemos tristemente acostumbrado a ver las imágenes de los nuevos integrantes de la “juventud maravillosa” (o los “estúpidos imberbes” del SXXI, si lo prefieren) sonriendo con descaro a la cámara de sus costosos celulares enarbolando sus deditos en “v” ostentando el privilegio birlado al abuelo, el profesional de la salud, el policía o el bombero.

 

Observamos con estupor –aunque debo decir que sin demasiada sorpresa a esta altura- justificaciones vanas de encumbrados funcionarios minimizando el alcance de la trasgresión, inventando categorías surrealistas de excepcionalidad y hasta inclusive (de parte del capitán del barco) justificando el “saltearse la cola” como si fuera una inocente estudiantina.

 

Pero a fuerza del agotamiento de la argumentación del absurdo, algunos de los más locuaces pasajeros del desvarío van exponiendo sin crudeza la verdadera justificación que se esconde detrás de esta inédita inmoralidad: su clara concepción mesiánica.

 

Hace apenas un par de días el Procurador General del Tesoro, frustrado comisario del régimen, expuso con verdadera crudeza la razón de fondo de su trasgresión y la de sus amigotes detrás de un argumento que tiñe el habitual cinismo con un tinte verdaderamente siniestro: hay “personalidades que la sociedad debe proteger”…

 

¡Ah, por ahí viene la cosa!: hay gente que es superior a otra, que forman parte de una elite. Seguramente esclarecidos que merecen ubicarse un escalón por encima del resto tal vez por su espíritu “revolucionario” que los lleva a ocupar un rol de vanguardia iluminada.

 

Lo peor de todo, es que muchos de los que enarbolan este argumento (de puertas adentro, un grupo mucho más importante de aquellos a quienes los traiciona su verborragia) ES QUE ESTAN ABSOLUTAMENTE CONVENCIDOS QUE ES ASI. Que merecen un tratamiento especial respecto de aquel “pueblo” que dicen defender, porque son mejores, porque son imprescindibles, superiores moralmente…

 

Soberbia y fanatismo en un mismo paquete que forman el pantano donde esta supuesta aristocracia progresista  se revuelca entre miasmas y corrupción.

 

Lo más grave es que realmente están convencidos… Porque de esto no se vuelve. La verdad que hubiese preferido que todo se limitara a la maniobra artera de simples ladrones de gallina que el delirio de grandeza con el que históricamente nos han castigado quienes se consideran “iluminados”.


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