NO ES SOLO LA JUSTICIA, ES LA REPUBLICA


 





En el marco de la aguda crisis que afronta nuestra sociedad teñida por la crisis sanitaria y sus terribles consecuencias derivadas: el agravamiento de la pobreza, el desempleo, la destrucción de las fuentes más elementales de creación de riqueza, parece curioso que una de las prioridades del Gobierno sea su pretensión de avanzar mediante cualquier tipo de arquitectura legislativa en la reforma del Ministerio Público Fiscal y el cambio de las mayorías establecidas para la designación del Procurador General (cargo ocupado hoy en forma interina).

Vamos a evitar los repudios obvios que merecería dicha iniciativa en sí misma cuando claramente se observa que la motivación principal de sus impulsores no tiene que ver con la regularización del ya prolongado interinato, sino de crear las condiciones para contar con un funcionario afín que se encargue de desactivas las causas pendientes de corrupción que pesan sobre muchos de los personeros del régimen.

Pero detrás de la maniobra acecha algo mucho más profundo que la simple elusión de responsabilidades (ya de por sí un acto deplorable), sino que compromete las raíces mismas del sistema republicano y con ello la puesta en riesgo de la democracia y de los derechos ciudadanos  asociados a ella.

Es cierto que la institución judicial requiere de un necesario remozamiento y de reformas profundas que garantices la calidad de su servicio (un elemento central del verdadero rol del Estado), pero nada de esta iniciativa tiene que ver con esta necesidad y con las verdaderas preocupaciones del ciudadano en este terreno.

La existencia de mayorías especiales consagradas hasta el presente para la designación de este tipo de funcionarios están previstas para proteger la división de poderes, el respeto a las minorías y en definitiva la seguridad jurídica de la sociedad al sustraer al poder judicial de los dictados del ejecutivo de turno.

Por eso la cosa es mucho más grave que un capricho político, mucho más grave aún que la pretensión de impunidad de los corruptos, es un verdadero avance sobre el sistema republicano y sus instituciones más elementales. 

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